Es curiosa mi necesidad de empezar este blog diciendo que esta es la primera entrada, cuando es obvio que lo es, pero es la mejor forma que se me ocurre para empezar.
Pensaba, creía, temía que sólo estando triste, melancólica, desamparada... podría inspirarme para escribir, pero sentimientos bellos y emotivos (positivos) también me han despertado la avidez de escribir. Además, escribir aquí me permite reflexionar sobre lo que siento y las situaciones que he vivido.
Uno de mis mayores problemas siempre ha sido mi inseguridad y mi escaso amor propio. Si a eso le añadimos mi falta de voluntad para hacer las cosas que debería hacer, la falta de iniciativa debido a mis inseguridades y mi caos organizativo, tenemos una combinación poco adecuada para tener que llevar a cabo actividades que requieren de iniciativa, seguridad en uno mismo, disciplina y organización. Y todo eso y mucho más es lo que se requiere para poder tratar con las personas y conseguir ayudarlas.
Este es el tercer año que he hecho prácticas en el hospital y nunca había sentido todas las emociones y sensaciones que he experimentado en este último rotatorio. Es difícil describirlo, pero lo intentaré a lo largo de las siguientes entradas.
Siento que en estos últimos años en mi vida se está produciendo un cambio muy drástico; estoy obligada a cambiar mi forma de ser: no puedo permitirme titubear, tengo que confiar en mi misma y debo tomar las decisiones correctas en un corto espacio de tiempo. Puede parecer una tarea sencilla, pero a mí me está resultando muy difícil conseguirlo. Es, junto a la fuerza de voluntad para continuar aquello que empiezo, lo que más me está costando adquirir. Pero poco a poco, y no sólo debido a las prácticas, estoy logrando obtener esa confianza en mi misma que necesito tanto para poder aportar unos buenos cuidados, como para mi vida personal.
En resumen, estos años me están transformando como persona. Tenía pensado relatar en esta primera entrada lo que me había marcado de este último rotatorio, describir la sensación de gratitud y de sentirme comprendida, las lágrimas de tristeza pero a la vez de una plena felicidad... Pero creo que quedaría una entrada demasiado larga, así que al final esto va a ser una especie de presentación de la temática del blog.
Por tanto, doy por concluida esta entrada.
Un saludo a todos.
Micomicona.
Este es el tercer año que he hecho prácticas en el hospital y nunca había sentido todas las emociones y sensaciones que he experimentado en este último rotatorio. Es difícil describirlo, pero lo intentaré a lo largo de las siguientes entradas.
Siento que en estos últimos años en mi vida se está produciendo un cambio muy drástico; estoy obligada a cambiar mi forma de ser: no puedo permitirme titubear, tengo que confiar en mi misma y debo tomar las decisiones correctas en un corto espacio de tiempo. Puede parecer una tarea sencilla, pero a mí me está resultando muy difícil conseguirlo. Es, junto a la fuerza de voluntad para continuar aquello que empiezo, lo que más me está costando adquirir. Pero poco a poco, y no sólo debido a las prácticas, estoy logrando obtener esa confianza en mi misma que necesito tanto para poder aportar unos buenos cuidados, como para mi vida personal.
En resumen, estos años me están transformando como persona. Tenía pensado relatar en esta primera entrada lo que me había marcado de este último rotatorio, describir la sensación de gratitud y de sentirme comprendida, las lágrimas de tristeza pero a la vez de una plena felicidad... Pero creo que quedaría una entrada demasiado larga, así que al final esto va a ser una especie de presentación de la temática del blog.
Por tanto, doy por concluida esta entrada.
Un saludo a todos.
Micomicona.